Thursday, July 14, 2005
¿Como relacionarse con los bienes materiales?
Reflexiones en torno a Santiago 5:1-6
La Epístola de Santiago nos ayuda a reflexionar sobre el sentido de la riqueza y la forma de relacionarnos con los bienes materiales.
Leamos primero el párrafo propuesto: Santiago 5:1-6.
“1 Ahora bien, vosotros, ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que están para caer sobre vosotros.
2 Vuestra riqueza está podrida y vuestros vestidos están apolillados;
3 vuestro oro y vuestra plata están tomados de herrumbre
y su herrumbre será testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado riquezas en estos días que son los últimos.
4 Mirad; el salario que no habéis pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos.
5 Habéis vivido sobre la tierra regaladamente y os habéis entregado a los placeres; habéis hartado vuestros corazones en el día de la matanza.
6 Condenasteis y matasteis al justo; él no os resiste.”
Para volver enseguida sobre este párrafo, les sugiero que repasemos primero a vuelo de pájaro la Epístola completa de Santiago.
Nos dice Santiago que para ser perfectos, la paciencia del hombre debe ir acompañada de obras perfectas y atravesar la prueba por la que necesariamente tendrá que pasar en la vida. Y aquel que supera “la prueba, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman”.
Ahora bien, nos advierte que en su paso por la tierra, “cada uno es probado por su propia concupiscencia que le arrastra y le seduce”, que “da a luz el pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte.”
De este modo, será feliz aquel “que considera atentamente la Ley perfecta de la libertad y se mantiene firme”, aquel que oye la Palabra, la tiene siempre presente y la pone en obra.
Nos dice también que obra bien aquel que ama a su prójimo como a si mismo. No distingue entre rico y pobre, porque Dios ha escogido “como ricos en la fe, y herederos del Reino que prometió, a los que le aman” a los que son pobres según los considera el mundo.
Nos agrega luego que la fe exige obras para no ser vana: “¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: "Tengo fe", si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe?”. La fe sin obras no sirve “¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. También los demonios lo creen y tiemblan.”
Y las obras que nos da como ejemplos son claras y precisas: “La religión pura e intachable ante Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo.” “Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: "Idos en paz, calentaos y hartaos", pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?”.
Nos pone como ejemplo a Abraham: “Abraham nuestro padre ¿no alcanzó la justificación por las obras cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?”. Dice el Génesis: "Porque tú no has perdonado a tú único hijo engendrado por amor a mí, Yo te bendeciré" (Gen. xxii, 16,17). Abraham transformó su fe en obras y puso a disposición de Dios a su bien preciado, a su propio hijo: “Y alcanzó pleno cumplimiento la Escritura que dice: Creyó Abraham en Dios y le fue reputado como justicia y fue llamado amigo de Dios."
Luego Santiago exhorta al lector de su epístola a que actúe de determinada manera: “que muestre por su buena conducta las obras hechas con la dulzura de la sabiduría” que viene de lo alto: “pura, pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía”, sin “amarga envidia y espíritu de contienda”, sin jactarse ni mentir “contra la verdad”.
También le sugiere que sea pacifico, mostrándole el origen de las contiendas entre los hombres: “frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz.” “¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones que luchan en vuestros miembros? ¿Codiciáis y no poseéis? Matáis. ¿Envidiáis y no podéis conseguir? Combatís y hacéis la guerra.”
Nos ilumina acerca del sentido que tienen nuestras oraciones en las que pedimos bienes materiales. Muchas veces pensamos que los bienes están ordenados a nuestra satisfacción terrena, y nos ilusionamos creyendo que con lo que tenemos todo nos es posible, todo nos es lícito: “Pedís y no recibís porque pedís mal, con la intención de malgastarlo en vuestras pasiones.”
Otras veces pensamos que tenemos todo bajo nuestro control, o que poseeremos nuestros bienes terrenales para siempre. Y nos
dice Santiago: “Vosotros los que decís: "Hoy o mañana iremos a tal ciudad, pasaremos allí el año, negociaremos y ganaremos, en lugar de decir: "Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello".
Vosotros que no sabéis qué será de vuestra vida el día de mañana... ¡sois vapor que aparece un momento y después desaparece!”
Y nos recuerda Quién nos espera al final: “¡Tened paciencia! fortaleced vuestros corazones porque la Venida del Señor está cerca.” Y nos dice también como tenemos que esperar la venida del Señor “¿Sufre alguno entre vosotros? Que ore. ¿Está alguno alegre? Que cante salmos.”
Como para completar su Epístola dirigiendo al hombre hacia la eternidad, nos recuerda también Santiago la importancia de la “oración de la fe” cuando la enfermedad nos llega: “la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados.”
Y nos recuerda asimismo que la generosidad de Dios nos perdona nuestros pecados pero también, si es su voluntad nos ayuda en lo material. Y nos trae el caso de Job: “Habéis oído la paciencia de Job en el sufrimiento y sabéis el final que el Señor le dio; porque el Señor es compasivo y misericordioso.” Al final, el Señor “compasivo y misericordioso” nos tratará como lo hizo con Job, que fue un hombre muy rico que al ser sometido a prueba y pasada la misma, “aumentó Yahveh al doble todos los bienes de Job” (Job 42, 10).
Vayamos fijando entonces estos conceptos:
· la búsqueda de la perfección es nuestra tarea en este mundo
· seremos probados a lo largo de nuestra vida
· daremos cumplimiento de la Palabra de Dios a través de nuestras obras, particularmente las de misericordia,
· el desprendimiento de los bienes terrenos nos ayuda a focalizar el sentido de la vida
· nuestro carácter también debe de ser de determinada manera
· lo que parece que tenemos, es frágil y fugitivo
· creemos que tenemos mas control que el real sobre las cosas
· la vida tiene un sentido trascendente
· Dios nos provee también de todo lo material que necesitamos en orden a nuestra salvación
Con este sentido de trascendencia, estamos listos ahora para leer nuevamente el párrafo seleccionado (Santiago 5:1-6)
· “Y ustedes los ricos, lloren y laméntense, por las desgracias que les esperan.
· Su riqueza está corrompida y la polilla se ha comido sus vestidos; su oro y su plata están enmohecidos y este moho será una prueba contra ustedes y consumirá sus carnes como el fuego.
· ¿Para qué amontonar riquezas si estamos en los últimos días?
· El salario que ustedes han defraudado a los trabajadores que segaron sus campos está clamando, y los gritos de los cosechadoras han llegado hasta el oído del Señor todopoderoso.
· Han vivido en este mundo lujosamente y entregados al placer, engordando para el día de la matanza.
· Han condenado, han matado al inocente, y ya no les ofrece resistencia.”
La primera frase que queremos destacar es la siguiente: “¿Para qué amontonar riquezas si estamos en los últimos días?”, puesto que nos lleva al centro de la reflexión: ¿cuál es el sentido de las riquezas en un mundo finito, en un mundo que termina?.
“¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?” (Mt 16,26). "¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán? Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios." Lucas 12, 20-21
“Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.” (Marcos 8,35)
Salgamos por un instante de las Sagradas Escrituras, y acerquémonos por un momento a principios del siglo XVII.
Leamos a Shakespeare cuando hace decir a Hamlet a Horacio y a los sepultureros en la famosa escena en el cementerio: “Y esa otra, ¿por qué no podría ser la calavera de un letrado?... ¿A dónde se fueron sus equívocos y sutilezas, sus litigios, sus interpretaciones, sus embrollos? ¿Por qué sufre ahora que ese bribón grosero le golpee contra la pared con el azadón lleno de barro?... ¡Y no dirá palabra acerca de un hecho tan criminal!... Este sería quizás, mientras vivió, un gran comprador de tierras, con sus obligaciones, reconocimientos, transacciones, seguridades mutuas, pagos, recibos... Ve aquí el arriendo de sus arriendos, y el cobro de sus cobranzas: todo ha venido a parar en una calavera llena de lodo. Los títulos de los bienes que poseyó cabrían difícilmente en su ataúd, y no obstante eso, todas las fianzas y seguridades recíprocas de sus adquisiciones no le han podido asegurar otra posesión que la de un espacio pequeño capaz de cubrirse con un par de sus escrituras... ¡Oh! y a su opulento sucesor tampoco le quedará más.”
Constatamos también desde la observación humana pura y simple que todo lo que podamos obtener en esta vida no durara para siempre.
Y si nos remontamos aún casi un siglo mas, podemos también leer las celebres coplas de Manrique a la muerte de su padre y encontrar ¿curiosamente? reflexiones similares a las que hará Shakespeare cien años mas tarde. Riquezas, “rocío de los prados”…
Recuerde el alma dormida,avive el seso y despierte,contemplandocómo se passa la vida,cómo se viene la muertetan callando;cuán presto se va el plazer,cómo después, de acordado,da dolor;cómo, a nuestro parescer,cualquiera tiempo passadofue mejor.
Y pues vemos lo presentecómo en un punto s'es idoy acabado,si juzgamos sabiamente,daremos lo no venidopor passado.No se engañe nadie, no,pensando que ha de durarlo que espera,más que duró lo que vio,porque todo ha de passarpor tal manera.
Nuestras vidas son los ríosque van a dar en la marque es el morir;allí van los señoríosderechos a se acabary consumir;allí los ríos caudales,allí los otros, medianosy más chicos,allegados son igualeslos que viven por sus manosy los ricos.
Dexo las invocacionesde los famosos poetasy oradores;no curo de sus ficciones,que traen yerbas secretassus sabores.A Aquél solo me encomiendo,Aquél solo invoco yo,de verdad,que en este mundo viviendoel mundo no conosciósu deidad.
Este mundo es el caminopara el otro, que es moradasin pesar;mas cumple tener buen tinopara andar esta jornadasin errar.Partimos cuando nascemos,andamos mientra vivimos,y llegamosal tiempo que fenescemos;assí que, cuando morimos,descansamos.
Este mundo bueno fuesi bien usáremos délcomo debemos,porque, según nuestra fe,es para ganar aquélque atendemos.Y aun el hijo de Dios,para sobirnos al cielo,descendióa nascer acá entre nosy vivir en este suelodo murió.
Ved de cuán poco valorson las cosas tras que andamosy corremos,que, en este mundo traidor,aun primero que muramos,las perdemos:dellas deshaze la edad,dellas casos desastradosque acaescen,dellas, por su calidad,en los más altos estadosdesfallescen.
Dezidme, la hermosura,la gentil frescura y tezde la cara,la color y la blancuracuando viene la vejez,¿cuál se para?Las mañas y ligerezay la fuerça corporalde juventud,todo se torna gravezacuando llega al arrabalde senectud.
Pues la sangre de los godos,el linaje y la noblezatan crescida,¡por cuántas vías y modosse sume su gran altezaen esta vida!:Unos, por poco valer,por cuan baxos y abatidosque los tienen;otros que, por no tener,con oficios no debidosse mantienen.
Los estados y riquezaque nos dexan a deshora¿quién lo duda?No les pidamos firmeza,pues que son de una señoraque se muda;que bienes son de Fortunaque revuelve con su ruedapresurosa,la cual no puede ser una,ni estar estable ni quedaen una cosa.
Pero digo que acompañeny lleguen hasta la huesacon su dueño:por esso no nos engañen,pues se va la vida apriessacomo sueño.Y los deleites de acáson, en que nos deleitamos,temporales,y los tormentos de allá,que por ellos esperamos,eternales.
Los plazeres y dulçoresdesta vida trabajadaque tenemos,¿qué son sino corredoresy la muerte, la celadaen que caemos?No mirando a nuestro daño,corremos a rienda sueltasin parar;desque vemos el engañoy queremos dar la vuelta,no hay lugar.
Si fuesse en nuestro podertornar la cara fermosacorporal,como podemos hazerel ánima gloriosaangelical,¡qué diligencia tan vivatoviéramos toda hora,y tan presta,en componer la cativa,dexándonos la señoradescompuesta!
Essos reyes poderososque vemos por escriturasya passadas,con casos tristes, llorosos,fueron sus buenas venturastrastornadas.Assí que no hay cosa fuerte,que a papas y emperadoresy perlados,assí los trata la muertecomo a los pobres pastoresde ganados.
Dexemos a los troyanos,que sus males no los vimosni sus glorias;dexemos a los romanos,aunque oímos y leimossus historias.No curemos de saberlo de aquel siglo passadoqué fue d'ello;vengamos a lo de ayer,que también es olvidadocomo aquello.
¿Qué se hizo el rey don Juan?¿Los Infantes de Aragón,qué se hizieron?¿Qué fue de tanto galán?¿Qué fue de tanta invencióncomo truxieron?Las justas y los torneos,paramentos, bordadurasy cimeras,¿fueron sino devaneos?,¿que fueron sino verdurasde las eras?
¿Qué se hizieron las damas,sus tocados, sus vestidos,sus olores?¿Qué se hizieron las llamasde los fuegos encendidosde amadores?¿Qué se hizo aquel trovar,las músicas acordadasque tañían?¿Qué se hizo aquel dançar,aquellas ropas chapadasque traían?
Pues el otro, su heredero,don Enrique, !qué poderesalcançaba!,¡cuán blando, cuán halagueroel mundo con sus plazeresse le daba!Mas veréis, ¡cuán enemigo,cuán contrario, cuán cruelse le mostró!;habiéndole sido amigo,¡cuán poco duró con éllo que le dio!
Las dádivas desmedidas,los edificios realesllenos de oro,las vaxillas tan febridas,los enriques y realesdel tesoro,los jaezes y caballosde su gente, y atavíostan sobrados,¿dónde iremos a buscallos?;¿qué fueron, sino rocíosde los prados?
Pues su hermano, el inocenteque, en su vida, sucessorse llamó,¡qué corte tan excelentetuvo y cuánto gran señorque le siguió!Mas, como fuesse mortal,metióle la muerte luegoen su fragua.¡Oh, juïzio divinal!,cuando más ardía el fuegoechaste agua.
Pues aquel gran Condestable,maestre que conoscimostan privado,no cumple que dél se hable,sino solo que lo vimosdegollado.Sus infinitos tesoros,sus villas y sus lugares,su mandar,¿qué le fueron sino lloros?,¿fuéronle sino pesaresal dexar?
Pues los otros dos hermanos,maestres tan prosperadoscomo reyes,que a los grandes y medianostruxeron tan sojuzgadosa sus leyes;aquella prosperidadque tan alto fue subiday ensalzada,¿qué fue sino claridadque, estando más encendida,fue amatada?
Tantos duques excelentes,tantos marqueses y condes,y baronescomo vimos tan potentes,di, Muerte, ¿dó los escondesy traspones?Y las sus claras hazañasque hizieron en las guerrasy en las pazes,cuando tú, cruda, te ensañas,con tu fuerça las atierrasy deshazes.
Las huestes innumerables,los pendones y estandartesy banderas,los castillos impugnables,los muros y baluartesy barreras,la cava honda, chapada,o cualquier otro reparo¿qué aprovecha?Que si tú vienes airada,todo lo passas de clarocon tu flecha.
Aquel, de buenos abrigo,amado por virtuosode la gente,el maestre don RodrigoManrique, tan famosoy tan valiente;sus grandes hechos y clarosno cumple que los alabe,pues los vieron,ni los quiero hazer caros,pues el mundo todo sabecuales fueron.
¡Qué amigo de sus amigos!¡Qué señor para criadosy parientes!¡Qué enemigo de enemigos!¡Qué maestro de esforçadosy valientes!¡Qué seso para discretos!¡Qué gracia para donosos!¡Qué razón!¡Qué benigno a los sujetos,y a los bravos y dañosos,un león!
En ventura, Octavïano;Julio César, en vencery batallar;en la virtud, Africano;Aníbal, en el sabery trabajar;en la bondad, un Trajano;Tito, en liberalidadcon alegría;en su braço, Aurelïano;Marco Atilio, en la verdadque prometía.
Antonio Pío, en clemencia;Marco Aurelio, en igualdaddel semblante;Adrïano, en elocuencia;Teodosio, en humanidady buen talante;Aurelio Alexandre fueen disciplina y rigorde la guerra;un Costantino, en la fe;Camilo, en el gran amorde su tierra.
No dexó grandes tesoros,ni alcançó grandes riquezasni vaxillas,mas hizo guerra a los morosganando sus fortalezasy sus villas.Y en las lides que venció,muchos moros y caballosse perdieron,y en este oficio ganólas rentas y los vasallosque le dieron.
Pues por su honra y estado,en otros tiempos passados,¿cómo se hubo?:Quedando desamparado,con hermanos y criadosse sostuvo.Después que hechos famososhizo en esta dicha guerraque hazía,hizo tratos tan honrososque le dieron aun más tierraque tenía.
Estas sus viejas estoriasque con su braço pintóen la joventud,con otras nuevas victoriasagora las renovóen la senectud.Por su gran habilidad,por méritos y ancianíabien gastada,alcançó la dignidadde la gran caballeríade la Espada.
Y sus villas y sus tierras,ocupadas de tiranoslas halló,mas por cercos y por guerras,y por fuerça de sus manoslas cobró.Pues nuestro Rey natural,si de las obras que obrófue servido,dígalo el de Portugal,y en Castilla quien siguiósu partido.
Después de puesta la vidatantas vezes por su leyal tablero,después de tan bien servidala corona de su Reyverdadero,después de tanta hazañaa que no puede bastarcuenta cierta,en la su villa de Ocañavino la Muerte a llamara su puerta.
Diziendo: "Buen caballero,dexad el mundo engañosoy su halago,vuestro coraçón de azeromuestre su esfuerço famosoen este trago;y pues de vida y saludhezistes tan poca cuentapor la fama,esforçad vuestra virtudpara sofrir esta afruentaque os llama.
"No se os haga tan amargala batalla temerosaque esperáis,pues otra vida más largade fama tan glorïosaacá dexáis.Aunque esta vida de honortampoco no es eternalni verdadera,mas con todo es muy mejorque la otra temporal,perescedera.
"EI vivir que es perdurableno se gana con estadosmundanales,ni con vida deleitableen que moran los pecadosinfernales.Mas los buenos religiososgánanlo con oracionesy con lloros;los caballeros famosos,con trabajos y afliccionescontra moros.
"Y pues vos, claro varón,tanta sangre derramastesde paganos,esperad el galardónque en este mundo ganastespor las manos;y con esta confiança,y con la fe tan enteraque tenéis,partid con buena esperança,que esta otra vida terceraganaréis".
Responde el Maestre
"No gastemos tiempo yaen esta vida mezquinapor tal modo,que mi voluntad estáconforme con la divinapara todo;y consiento en mi morircon voluntad plazentera,clara y pura,que querer hombre vivir,cuando Dios quiere que muera,es locura."
Oración
"Tu, que por nuestra maldadtomaste forma servily baxo nombre;Tú, que a tu divinidadjuntaste cosa tan vilcomo el hombre;Tú, que tan grandes tormentossufriste sin resistenciaen tu persona;no por mis merescimientos,mas por tu sola clemencia,me perdona."
Cabo
Así, con tal entender,todos sentidos humanosconservados,cercado de su mujer,y de hijos, y hermanos,y criados,dio el alma a quien gela dio,ei cual la ponga en el cieloen su gloria.Y aunque la vida murió,nos dexó harto consuelosu memoria.
Y volvamos a las escrituras, ahora al Salmo 48:
Oíd esto, todas las naciones;escuchadlo, habitantes del orbe:plebeyos y nobles, ricos y pobres;mi boca hablará sabiamente,y serán muy sensatas mis reflexiones;prestaré oído al proverbioy propondré mi problema al son de la cítara.¿Por qué habré de temer los días aciagos,cuando me cerquen y acechen los malvados,que confían en su opulenciay se jactan de sus inmensas riquezas,si nadie puede salvarseni dar a Dios un rescate?Es tan caro el rescate de la vida,que nunca les bastará para vivir perpetuamentesin bajar a la fosa.Mirad: los sabios mueren,lo mismo que perecen los ignorantes y necios,y legan sus riquezas a extraños.El sepulcro es su morada perpetuay su casa de edad en edad,aunque hayan dado nombre a países.El hombre no perdurará en la opulencia,sino que perece como los animales.Este es el camino de los confiados,el destino de los hombres satisfechos:son un rebaño para el abismo,la muerte es su pastor,y bajan derechos a la tumba;se desvanece su figura,y el abismo es su casa.Pero a mí, Dios me salva,me saca de las garras del abismo y me lleva consigo.No te preocupes si se enriquece un hombre y aumenta el fasto de su casa:cuando muera, no se llevará nada,su fasto no bajará con él.Aunque en vida se felicitaba:"Ponderan lo que lo pasas",irá a reunirse con sus antepasados,que no verán nunca la luz.El hombre rico e inconscientees como un animal que perece.
Aquí las Sagradas Escrituras se refieren a “plebeyos y nobles, ricos y pobres” por igual. Y nos señalan nuestro destino final si alineamos nuestras obras de acuerdo a lo que Dios quiere de nosotros: “Pero a mí, Dios me salva, me saca de las garras del abismo y me lleva consigo.”
Sabemos por otra parte que desde el Génesis Dios señala al hombre funciones a desempeñar en la tierra: “Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra. Dijo Dios: Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para vosotros será de alimento.” (Gen I,27-29) “Tomó, pues, Yahveh Dios al hombre y le dejó en al jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase.” (Gen,2,15).
Acercándonos a nuestros dias, el Concilio Vaticano II nos dice: "Una cosa hay cierta para los creyentes: la actividad humana individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerando, en sí mismo, responde a la voluntad de Dios. Creado el hombre a imagen de Dios, recibió el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo así la tierra y cuanto en ella se contiene y de orientar a Dios la propia persona y el universo entero, reconociendo a Dios como Creador de todo, de modo que con el sometimiento de todas las cosas al hombre sea admirable el nombre de Dios en el mundo"( Conc. Ecum. Vat. II, Const. Past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, 34: A.A.S. 58 (1966), p.1052)
"Los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, están, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio. Cuanto más se acreciente el poder del hombre, más amplia es su responsabilidad individual y colectiva... El mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificación del mundo ni los lleva a despreocuparse del bien ajeno, sino que, al contrario, les impone como deber el hacerlo.” Conc. Ecum. Vat. II, Const. Past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, 34: A.A.S. 58 (1966), p.1052s.
“La conciencia de que a través del trabajo el hombre participa en la obra de la creación, constituye el móvil más profundo para emprenderlo en varios sectores: "Deben, pues, los fieles -leemos en la Constitución Lumen Gentium- conocer la naturaleza íntima de todas las criaturas, su valor y su ordenación a la gloria de Dios y, además, deben ayudarse entre sí, también mediante las actividades seculares, para lograr una vida más santa, de suerte que el mundo se impregne del espíritu de Cristo y alcance más eficazmente su fin en la justicia, la caridad y la paz... Procuren, pues, seriamente, que por su competencia en los asuntos profanos y por su actividad, elevada desde dentro por la gracia de Cristo, los bienes creados se desarrollen... según el plan del Creador y la iluminación de su Verbo, mediante el trabajo humano, la técnica y la cultura civil" Conc. Ecum. Vat. II, Const. Dogm. sobre la Iglesia Lumen Gentium, 36: A.A.S. 57 (1965), p. 41
Estaríamos ahora en condiciones de intentar penetrar en el sentido que tiene la riqueza en este mundo, y de nuestra relación con ella: ¿Cuál es el sentido de la riqueza? ¿Cómo deben entrar en nuestra vida los bienes materiales?.
Si nos preguntamos el porqué de las admoniciones de Santiago, el porqué de esas palabras aparentemente tan duras que se adicionan a aquellas que nos dicen que mas fácil es que pase un camello por el ojo de una aguja que la salvación de un rico, veremos nuestra manera de tratar nuestra relación con los bienes materiales, debe ser relacionando estrechamente el uso que haremos de todo lo material con nuestra salvación eterna, por la que Jesucristo se hizo carne y habitó entre nosotros.
Nos damos cuenta entonces, que nuestro interlocutor para iluminarnos en nuestra relación con la riqueza debe ser el mismo Señor Jesucristo, que nos está mirando desde el cielo y nos acompaña siempre. El quiere que analicemos nuestra relación con todo lo material, y con el dinero también, en intima conexión con nuestra salvación y con la salvación del mundo.
Nuestros bienes materiales tienen un propósito específico en el que tendremos que reflexionar, y que tiene que ver con nuestra vocación individual.
Pero sabemos ya que tenemos que usar de todo lo material de un modo en el que no sea ocasión de pecado. De un modo que no solamente no nos aleje a cada uno de nosotros de la vida que Dios quiere que llevemos, sino se constituya en un instrumento que Dios nos da para acercarnos mas y mas al camino de la salvación nuestra y de los demás.
Es por eso que nuestra meditación sobre el tema debe ir mucho mas allá del análisis intelectual o académico que nos ayude a “justificar” que podemos ganar dinero y riquezas de un modo ético compatible con lo que Dios “permite”. No buscamos solamente “límites”. Queremos llegar a conocer a la luz de la fe lo que Dios quiere de cada uno de nosotros en relación con la riqueza.
Y este conocimiento debemos hacerlo en cuatro planos de nuestra actividad: pensar, decir, hacer y omitir.
Necesitamos acercarnos a la verdad y conocer las pautas de conducta generales a las que adaptaremos nuestra conducta, nuestras obras y nuestro discurso a lo que Dios quiere de cada uno de nosotros respecto de los bienes materiales en orden a nuestra salvación.
Necesitamos conocer las acciones que debemos omitir de realizar en nuestras vidas relacionadas con los bienes materiales a nuestro alcance, para que no sean motivo para alejarnos de lo que Dios quiere de cada uno de nosotros y de Dios mismo.
Empecemos entonces por remover el obstáculo, la piedra que nos obstruye el camino que es ni más ni menos que el pecado. Santiago nos habla de la codicia, de la envidia y de gastar mal los bienes en satisfacer nuestras pasiones.
Santo Tomas nos dice que: “un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal”. (II-II:153:4)
La riqueza como fin nos puede llevar derecho a los “vicios” capitales:
El disponer de bienes nos puede hacer creer que somos los dueños del honor y la gloria humanas que nos proporcionan. Los inferiores adulan a los que tienen más que ellos, y los hacen convertirse a estos en inferiores también al creerse superiores. Si nos creemos superiores, fácilmente la soberbia se habrá hecho dueña de nuestras pasiones.
Si convertimos a la acumulación de bienes en nuestro fin, estos se convertirán para nosotros en ese ídolo desconocido que podemos llegar a adorar. Y la avaricia nos habrá ganado.
Si nuestros bienes se transforman en medios de satisfacer nuestras pasiones con facilidad, la gula y la lujuria dominaran nuestra conducta.
Si nos hacemos desordenadamente exigentes y pensamos que todo lo podemos con dinero, que nosotros somos superiores por tenerlo, cuando encontremos las dificultades, los obstáculos, y las personas se interpongan en nuestro camino, perderemos la objetividad, nos enojaremos sin razón, y la ira será nuestra ama.
Si la disponibilidad de bienes nos hace más indulgentes con el uso de nuestro tiempo, y nos generamos con facilidad la falsa necesidad de descanso y molicie, y la pereza nos habrá dominado.
Y estos siete pecados capitales se habrán constituido en formidables obstáculos que nos impedirán ser humildes, castos, pacientes, moderados en nuestros apetitos, generosos, caritativos y misericordiosos con los demás y activos y diligentes para cumplir con nuestros deberes. No nos dejaran practicar las virtudes necesarias en orden a nuestra salvación y la de quienes nos rodean, a quienes damos ejemplo.
Santiago conocía todo esto muy bien, y por eso nos describe con severidad las consecuencias del mal uso de las riquezas.
Leamos ahora otra vez el párrafo elegido con mucho detenimiento:
· “Y ustedes los ricos, lloren y laméntense, por las desgracias que les esperan.
· Su riqueza está corrompida y la polilla se ha comido sus vestidos; su oro y su plata están enmohecidos y este moho será una prueba contra ustedes y consumirá sus carnes como el fuego.
· ¿Para qué amontonar riquezas si estamos en los últimos días?
· El salario que ustedes han defraudado a los trabajadores que segaron sus campos está clamando, y los gritos de los cosechadoras han llegado hasta el oído del Señor todopoderoso.
· Han vivido en este mundo lujosamente y entregados al placer, engordando para el día de la matanza.
· Han condenado, han matado al inocente, y ya no les ofrece resistencia.”
Mateo (6:24) nos advierte el peligro: "Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas."
¿Equivalen estas admoniciones a la condenación total y definitiva de la riqueza?
Definitivamente sí, si las riquezas se constituyen en un obstáculo para nuestra salvación: “¡Necio!, esta noche te reclamarán la vida; y las cosas que preparaste, ¿para quién serán?” (Lc 12-20).
Y definitivamente no, si consideramos que participamos en la creación y administración de bienes a los que debemos dar un buen uso y si requerimos con nuestras oraciones la ayuda de Dios para no caer en los pecados a los que fácilmente nos puede llevar el mal uso de los bienes materiales. “Así, cuando las riquezas lleguen a faltarle, será recibido en las eternas moradas”. (Lc 16,9).
Cabe añadir, que no tiene importancia la cantidad de bienes de que dispongamos. Se dice que todo hombre es rico de lo que posee y pobre de lo que desea. Las palabras de Santiago se aplican también a quienes tienen poco. Y el Salmo 48 aclara que se dirige a “todas las naciones” a los “habitantes del orbe” sin distinción.
El mal uso de los bienes, aunque sean pocos, también es un obstáculo para nuestra salvación. "Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee". Lucas 12:15
Removido el obstáculo, y comprendida la advertencia en cuanto a los peligros que constantemente nos acechan al disponer de bienes materiales, nos queda ahora descubrir como adaptar nuestro discurso y nuestras obras a lo que Dios quiere de cada uno de nosotros en relación con el dinero y las riquezas, sin dejar de recordar las palabras de Juan Pablo II al comentar el Salmo 48: "el destino final del rico, por mucho dinero que esté dispuesto a ofrecer, será inexorable. Como todos los hombres y mujeres (...) se encaminará a la tumba (...) y tendrá que dejar en la tierra el oro que ha amado tanto, aquellos bienes materiales tan idolatrados".
Nos ayuda a reflexionar sobre nuestra vida de hombres de negocios el pensador católico Ramiro de Maeztu en un libro al que tituló "El sentido reverencial del dinero": "Mi ideal consistiría en multiplicar en los países de lengua española los capitanes de industria, los agricultores modelos, los grandes banqueros, los hombres de negocios. (...) Es mucho más difícil levantar un negocio creador de riqueza que distribuir nuestra fortuna entre los pobres e ingresar en un convento. Esto último no requiere sino abnegación, valor y caridad. Aquello exige el mismo valor, porque se arriesga la fortuna en el negocio; mayor abnegación, porque no se contenta con exigir nuestro sacrificio un momento, sino que pide el de toda una vida en el trabajo; y aunque la caridad parece que no necesita ser tan grande, en realidad es mucho mayor, porque los pobres a quienes se hace una caridad siguen siendo pobres después de recibirla, mientras que las gentes ocupadas en el negocio se ennoblecen en el trabajo, aparte de que encuentran en él su camino para mejorar su posición (...). En las raíces de la vida económica se encuentra siempre la moral." (Maeztu, El sentido reverencial del dinero, 1957).
Sabemos que muchos de los grandes santos primero dieron todo lo que tenían a los pobres y a partir de allí dedicaron toda su vida al servicio de Dios. Quienes están llamados a ocuparse de la producción de bienes materiales o de servicios, entienden a través del mensaje de las Sagradas Escrituras lo importante que es no dejarse dominar por la materia y no dejar de lado por un segundo la visión de trascendencia que nos transmite el Evangelio.
Así, están llamados a ocuparse de que lo material sirva a la obra de Dios en la tierra, y a constituirse en verdaderos lideres de la comunidad que den ejemplo de honestidad, de vida austera y simple, y que lleven a los demás hombres a Dios por la forma en que se vea que actúan.
Solamente así podríamos leer la Epístola de Santiago de un modo diferente: Y ustedes los ricos, rían y alégrense, por las gracias que les esperan. Su riqueza no está corrompida y la polilla no se ha comido sus vestidos; su oro y su plata no están enmohecidos y este moho no será una prueba contra ustedes y no consumirá sus carnes como el fuego. El salario que ustedes han dado a los trabajadores que segaron sus campos está clamando en vuestro favor, y los gritos agradecidos de los cosechadoras han llegado hasta el oído del Señor todopoderoso. Ni han condenado, ni matado al inocente que no les ofrecía resistencia. Porque no han vivido en este mundo lujosamente ni entregados al placer, ni engordando para el día de la matanza.
Hay una Epístola de San Pablo que parece dirigida a cada uno de nosotros con relación al uso de los bienes, y que resume y reafirma mucho de lo dicho. Quisiera terminar estas reflexiones con ella, que es como una oración, más que con mis imperfectas palabras porque me parece que transmite no solamente conceptos, sino un programa de vida: “Y ciertamente es un gran negocio la piedad, con tal de que se contente con lo que tiene. Porque nosotros no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él. Mientras tengamos comida y vestido, estemos contentos con eso. Los que quieren enriquecerse caen en la tentación, en el lazo y en muchas codicias insensatas y perniciosas que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque la raíz de todos los males es el afán de dinero, y algunos, por dejarse llevar de él, se extraviaron en la fe y se atormentaron con muchos dolores. Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de estas cosas; corre al alcance de la justicia, de la piedad, de la fe, de la caridad, de la paciencia en el sufrimiento, de la dulzura. Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado y de la que hiciste aquella solemne profesión delante de muchos testigos. Te recomiendo en la presencia de Dios que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que ante Poncio Pilato rindió tan solemne testimonio, que conserves el mandato sin tacha ni culpa hasta la Manifestación de nuestro Señor Jesucristo, Manifestación que a su debido tiempo hará ostensible el Bienaventurado y único Soberano, el Rey de los reyes y el Señor de los señores, el único que posee Inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien no ha visto ningún ser humano ni le puede ver. A él el honor y el poder por siempre. Amén. A los ricos de este mundo recomiéndales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en lo inseguro de las riquezas sino en Dios, que nos provee espléndidamente de todo para que lo disfrutemos;que practiquen el bien, que se enriquezcan de buenas obras, que den con generosidad y con liberalidad; de esta forma irán atesorando para el futuro un excelente fondo con el que podrán adquirir la vida verdadera.” (Epístola de San Pablo 1ª de Timoteo 6:10)
Algunas preguntas para reflexionar sobre nuestra relación con el dinero
¿Cómo dispongo del dinero y del poder del que dispongo?
¿Participo de algún modo en la ayuda a quienes están empobrecidos y no pueden salir de su pobreza?
¿Aprecio el valor de los bienes de que dispongo?
¿Me dejo dominar por el orgullo o la soberbia por razón de mi situación económica o de poder?
¿Tengo una vida simple, sencilla, austera?
¿Busco la sabiduría para saber el destino que Dios quiere de mi vida y de mis bienes?
¿Cuál es mi verdadero tesoro a juzgar por las horas y el esfuerzo que dedico en conseguirlo?
¿Es mi vida un caminar perseverante hacia Dios? ¿Qué significa la Salvación de acuerdo al tiempo que le dedico?
¿Tengo verdadera conciencia de los peligros de las riquezas y el dinero mal utilizado?
¿Sacrifico algún principio para obtener riquezas o ganancias? ¿Participo o tengo intereses en empresas cuyas actividades estén reñidas con la moral?
¿Comprendo y soy conciente de las necesidades y sufrimientos por los que pasan tantos hombres y mujeres, tal vez incluso cerca mío ya o tengo el corazón endurecido? ¿Hago algo que este a mi alcance para ayudar a los demás?
¿Soy sensible a la adulación por mi posición? ¿Me cuesta ser contrariado en razón de quien soy o por lo que tengo? ¿Me duele la crítica o que alguien no me de la importancia que creo que tengo?¿Me hace la independencia económica olvidar que dependo de Dios, que soy administrador de los bienes que El ha permitido que tuviera, y que tendré que rendir cuentas por su utilización al final de mi vida terrena?
¿Estoy propenso a la pereza en razón de tener mis necesidades satisfechas? ¿Valoro a la gente por lo que tiene o por sus virtudes? ¿Qué necesita la gente que depende de mí, directa e indirectamente? ¿Qué puedo hacer por ellos?
¿Me sirvo de los bienes con un corazón libre y desprendido o soy esclavo de lo que tengo y me cuesta dejarlo?
Propósitos
De toda reflexión hecha con profundidad y sinceridad surgen normalmente propósitos con relación a acciones a dejar de realizar, y nuevas acciones a realizar.
Es oportuno anotarlas, porque eso nos ayuda a fijar los conceptos, y nos reafirma en nuestras intenciones.
Tratemos de sacar de esta meditación por lo menos dos propósitos:
1) cosas que tengo que dejar de hacer con el dinero o los bienes, porque me alejan de lo que Dios quiere para mí
…………………………………………………………………
…………………………………………………………………
2) que nueva buena acción puedo y debo poner en practica con mis bienes
……………………………………………………………………
…………………………………………………………………….
La Epístola de Santiago nos ayuda a reflexionar sobre el sentido de la riqueza y la forma de relacionarnos con los bienes materiales.
Leamos primero el párrafo propuesto: Santiago 5:1-6.
“1 Ahora bien, vosotros, ricos, llorad y dad alaridos por las desgracias que están para caer sobre vosotros.
2 Vuestra riqueza está podrida y vuestros vestidos están apolillados;
3 vuestro oro y vuestra plata están tomados de herrumbre
y su herrumbre será testimonio contra vosotros y devorará vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado riquezas en estos días que son los últimos.
4 Mirad; el salario que no habéis pagado a los obreros que segaron vuestros campos está gritando; y los gritos de los segadores han llegado a los oídos del Señor de los ejércitos.
5 Habéis vivido sobre la tierra regaladamente y os habéis entregado a los placeres; habéis hartado vuestros corazones en el día de la matanza.
6 Condenasteis y matasteis al justo; él no os resiste.”
Para volver enseguida sobre este párrafo, les sugiero que repasemos primero a vuelo de pájaro la Epístola completa de Santiago.
Nos dice Santiago que para ser perfectos, la paciencia del hombre debe ir acompañada de obras perfectas y atravesar la prueba por la que necesariamente tendrá que pasar en la vida. Y aquel que supera “la prueba, recibirá la corona de la vida que ha prometido el Señor a los que le aman”.
Ahora bien, nos advierte que en su paso por la tierra, “cada uno es probado por su propia concupiscencia que le arrastra y le seduce”, que “da a luz el pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte.”
De este modo, será feliz aquel “que considera atentamente la Ley perfecta de la libertad y se mantiene firme”, aquel que oye la Palabra, la tiene siempre presente y la pone en obra.
Nos dice también que obra bien aquel que ama a su prójimo como a si mismo. No distingue entre rico y pobre, porque Dios ha escogido “como ricos en la fe, y herederos del Reino que prometió, a los que le aman” a los que son pobres según los considera el mundo.
Nos agrega luego que la fe exige obras para no ser vana: “¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: "Tengo fe", si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe?”. La fe sin obras no sirve “¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. También los demonios lo creen y tiemblan.”
Y las obras que nos da como ejemplos son claras y precisas: “La religión pura e intachable ante Dios Padre es ésta: visitar a los huérfanos y a las viudas en su tribulación y conservarse incontaminado del mundo.” “Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: "Idos en paz, calentaos y hartaos", pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?”.
Nos pone como ejemplo a Abraham: “Abraham nuestro padre ¿no alcanzó la justificación por las obras cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?”. Dice el Génesis: "Porque tú no has perdonado a tú único hijo engendrado por amor a mí, Yo te bendeciré" (Gen. xxii, 16,17). Abraham transformó su fe en obras y puso a disposición de Dios a su bien preciado, a su propio hijo: “Y alcanzó pleno cumplimiento la Escritura que dice: Creyó Abraham en Dios y le fue reputado como justicia y fue llamado amigo de Dios."
Luego Santiago exhorta al lector de su epístola a que actúe de determinada manera: “que muestre por su buena conducta las obras hechas con la dulzura de la sabiduría” que viene de lo alto: “pura, pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía”, sin “amarga envidia y espíritu de contienda”, sin jactarse ni mentir “contra la verdad”.
También le sugiere que sea pacifico, mostrándole el origen de las contiendas entre los hombres: “frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz.” “¿De dónde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones que luchan en vuestros miembros? ¿Codiciáis y no poseéis? Matáis. ¿Envidiáis y no podéis conseguir? Combatís y hacéis la guerra.”
Nos ilumina acerca del sentido que tienen nuestras oraciones en las que pedimos bienes materiales. Muchas veces pensamos que los bienes están ordenados a nuestra satisfacción terrena, y nos ilusionamos creyendo que con lo que tenemos todo nos es posible, todo nos es lícito: “Pedís y no recibís porque pedís mal, con la intención de malgastarlo en vuestras pasiones.”
Otras veces pensamos que tenemos todo bajo nuestro control, o que poseeremos nuestros bienes terrenales para siempre. Y nos
dice Santiago: “Vosotros los que decís: "Hoy o mañana iremos a tal ciudad, pasaremos allí el año, negociaremos y ganaremos, en lugar de decir: "Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello".
Vosotros que no sabéis qué será de vuestra vida el día de mañana... ¡sois vapor que aparece un momento y después desaparece!”
Y nos recuerda Quién nos espera al final: “¡Tened paciencia! fortaleced vuestros corazones porque la Venida del Señor está cerca.” Y nos dice también como tenemos que esperar la venida del Señor “¿Sufre alguno entre vosotros? Que ore. ¿Está alguno alegre? Que cante salmos.”
Como para completar su Epístola dirigiendo al hombre hacia la eternidad, nos recuerda también Santiago la importancia de la “oración de la fe” cuando la enfermedad nos llega: “la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados.”
Y nos recuerda asimismo que la generosidad de Dios nos perdona nuestros pecados pero también, si es su voluntad nos ayuda en lo material. Y nos trae el caso de Job: “Habéis oído la paciencia de Job en el sufrimiento y sabéis el final que el Señor le dio; porque el Señor es compasivo y misericordioso.” Al final, el Señor “compasivo y misericordioso” nos tratará como lo hizo con Job, que fue un hombre muy rico que al ser sometido a prueba y pasada la misma, “aumentó Yahveh al doble todos los bienes de Job” (Job 42, 10).
Vayamos fijando entonces estos conceptos:
· la búsqueda de la perfección es nuestra tarea en este mundo
· seremos probados a lo largo de nuestra vida
· daremos cumplimiento de la Palabra de Dios a través de nuestras obras, particularmente las de misericordia,
· el desprendimiento de los bienes terrenos nos ayuda a focalizar el sentido de la vida
· nuestro carácter también debe de ser de determinada manera
· lo que parece que tenemos, es frágil y fugitivo
· creemos que tenemos mas control que el real sobre las cosas
· la vida tiene un sentido trascendente
· Dios nos provee también de todo lo material que necesitamos en orden a nuestra salvación
Con este sentido de trascendencia, estamos listos ahora para leer nuevamente el párrafo seleccionado (Santiago 5:1-6)
· “Y ustedes los ricos, lloren y laméntense, por las desgracias que les esperan.
· Su riqueza está corrompida y la polilla se ha comido sus vestidos; su oro y su plata están enmohecidos y este moho será una prueba contra ustedes y consumirá sus carnes como el fuego.
· ¿Para qué amontonar riquezas si estamos en los últimos días?
· El salario que ustedes han defraudado a los trabajadores que segaron sus campos está clamando, y los gritos de los cosechadoras han llegado hasta el oído del Señor todopoderoso.
· Han vivido en este mundo lujosamente y entregados al placer, engordando para el día de la matanza.
· Han condenado, han matado al inocente, y ya no les ofrece resistencia.”
La primera frase que queremos destacar es la siguiente: “¿Para qué amontonar riquezas si estamos en los últimos días?”, puesto que nos lleva al centro de la reflexión: ¿cuál es el sentido de las riquezas en un mundo finito, en un mundo que termina?.
“¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida?” (Mt 16,26). "¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán? Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios." Lucas 12, 20-21
“Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.” (Marcos 8,35)
Salgamos por un instante de las Sagradas Escrituras, y acerquémonos por un momento a principios del siglo XVII.
Leamos a Shakespeare cuando hace decir a Hamlet a Horacio y a los sepultureros en la famosa escena en el cementerio: “Y esa otra, ¿por qué no podría ser la calavera de un letrado?... ¿A dónde se fueron sus equívocos y sutilezas, sus litigios, sus interpretaciones, sus embrollos? ¿Por qué sufre ahora que ese bribón grosero le golpee contra la pared con el azadón lleno de barro?... ¡Y no dirá palabra acerca de un hecho tan criminal!... Este sería quizás, mientras vivió, un gran comprador de tierras, con sus obligaciones, reconocimientos, transacciones, seguridades mutuas, pagos, recibos... Ve aquí el arriendo de sus arriendos, y el cobro de sus cobranzas: todo ha venido a parar en una calavera llena de lodo. Los títulos de los bienes que poseyó cabrían difícilmente en su ataúd, y no obstante eso, todas las fianzas y seguridades recíprocas de sus adquisiciones no le han podido asegurar otra posesión que la de un espacio pequeño capaz de cubrirse con un par de sus escrituras... ¡Oh! y a su opulento sucesor tampoco le quedará más.”
Constatamos también desde la observación humana pura y simple que todo lo que podamos obtener en esta vida no durara para siempre.
Y si nos remontamos aún casi un siglo mas, podemos también leer las celebres coplas de Manrique a la muerte de su padre y encontrar ¿curiosamente? reflexiones similares a las que hará Shakespeare cien años mas tarde. Riquezas, “rocío de los prados”…
Recuerde el alma dormida,avive el seso y despierte,contemplandocómo se passa la vida,cómo se viene la muertetan callando;cuán presto se va el plazer,cómo después, de acordado,da dolor;cómo, a nuestro parescer,cualquiera tiempo passadofue mejor.
Y pues vemos lo presentecómo en un punto s'es idoy acabado,si juzgamos sabiamente,daremos lo no venidopor passado.No se engañe nadie, no,pensando que ha de durarlo que espera,más que duró lo que vio,porque todo ha de passarpor tal manera.
Nuestras vidas son los ríosque van a dar en la marque es el morir;allí van los señoríosderechos a se acabary consumir;allí los ríos caudales,allí los otros, medianosy más chicos,allegados son igualeslos que viven por sus manosy los ricos.
Dexo las invocacionesde los famosos poetasy oradores;no curo de sus ficciones,que traen yerbas secretassus sabores.A Aquél solo me encomiendo,Aquél solo invoco yo,de verdad,que en este mundo viviendoel mundo no conosciósu deidad.
Este mundo es el caminopara el otro, que es moradasin pesar;mas cumple tener buen tinopara andar esta jornadasin errar.Partimos cuando nascemos,andamos mientra vivimos,y llegamosal tiempo que fenescemos;assí que, cuando morimos,descansamos.
Este mundo bueno fuesi bien usáremos délcomo debemos,porque, según nuestra fe,es para ganar aquélque atendemos.Y aun el hijo de Dios,para sobirnos al cielo,descendióa nascer acá entre nosy vivir en este suelodo murió.
Ved de cuán poco valorson las cosas tras que andamosy corremos,que, en este mundo traidor,aun primero que muramos,las perdemos:dellas deshaze la edad,dellas casos desastradosque acaescen,dellas, por su calidad,en los más altos estadosdesfallescen.
Dezidme, la hermosura,la gentil frescura y tezde la cara,la color y la blancuracuando viene la vejez,¿cuál se para?Las mañas y ligerezay la fuerça corporalde juventud,todo se torna gravezacuando llega al arrabalde senectud.
Pues la sangre de los godos,el linaje y la noblezatan crescida,¡por cuántas vías y modosse sume su gran altezaen esta vida!:Unos, por poco valer,por cuan baxos y abatidosque los tienen;otros que, por no tener,con oficios no debidosse mantienen.
Los estados y riquezaque nos dexan a deshora¿quién lo duda?No les pidamos firmeza,pues que son de una señoraque se muda;que bienes son de Fortunaque revuelve con su ruedapresurosa,la cual no puede ser una,ni estar estable ni quedaen una cosa.
Pero digo que acompañeny lleguen hasta la huesacon su dueño:por esso no nos engañen,pues se va la vida apriessacomo sueño.Y los deleites de acáson, en que nos deleitamos,temporales,y los tormentos de allá,que por ellos esperamos,eternales.
Los plazeres y dulçoresdesta vida trabajadaque tenemos,¿qué son sino corredoresy la muerte, la celadaen que caemos?No mirando a nuestro daño,corremos a rienda sueltasin parar;desque vemos el engañoy queremos dar la vuelta,no hay lugar.
Si fuesse en nuestro podertornar la cara fermosacorporal,como podemos hazerel ánima gloriosaangelical,¡qué diligencia tan vivatoviéramos toda hora,y tan presta,en componer la cativa,dexándonos la señoradescompuesta!
Essos reyes poderososque vemos por escriturasya passadas,con casos tristes, llorosos,fueron sus buenas venturastrastornadas.Assí que no hay cosa fuerte,que a papas y emperadoresy perlados,assí los trata la muertecomo a los pobres pastoresde ganados.
Dexemos a los troyanos,que sus males no los vimosni sus glorias;dexemos a los romanos,aunque oímos y leimossus historias.No curemos de saberlo de aquel siglo passadoqué fue d'ello;vengamos a lo de ayer,que también es olvidadocomo aquello.
¿Qué se hizo el rey don Juan?¿Los Infantes de Aragón,qué se hizieron?¿Qué fue de tanto galán?¿Qué fue de tanta invencióncomo truxieron?Las justas y los torneos,paramentos, bordadurasy cimeras,¿fueron sino devaneos?,¿que fueron sino verdurasde las eras?
¿Qué se hizieron las damas,sus tocados, sus vestidos,sus olores?¿Qué se hizieron las llamasde los fuegos encendidosde amadores?¿Qué se hizo aquel trovar,las músicas acordadasque tañían?¿Qué se hizo aquel dançar,aquellas ropas chapadasque traían?
Pues el otro, su heredero,don Enrique, !qué poderesalcançaba!,¡cuán blando, cuán halagueroel mundo con sus plazeresse le daba!Mas veréis, ¡cuán enemigo,cuán contrario, cuán cruelse le mostró!;habiéndole sido amigo,¡cuán poco duró con éllo que le dio!
Las dádivas desmedidas,los edificios realesllenos de oro,las vaxillas tan febridas,los enriques y realesdel tesoro,los jaezes y caballosde su gente, y atavíostan sobrados,¿dónde iremos a buscallos?;¿qué fueron, sino rocíosde los prados?
Pues su hermano, el inocenteque, en su vida, sucessorse llamó,¡qué corte tan excelentetuvo y cuánto gran señorque le siguió!Mas, como fuesse mortal,metióle la muerte luegoen su fragua.¡Oh, juïzio divinal!,cuando más ardía el fuegoechaste agua.
Pues aquel gran Condestable,maestre que conoscimostan privado,no cumple que dél se hable,sino solo que lo vimosdegollado.Sus infinitos tesoros,sus villas y sus lugares,su mandar,¿qué le fueron sino lloros?,¿fuéronle sino pesaresal dexar?
Pues los otros dos hermanos,maestres tan prosperadoscomo reyes,que a los grandes y medianostruxeron tan sojuzgadosa sus leyes;aquella prosperidadque tan alto fue subiday ensalzada,¿qué fue sino claridadque, estando más encendida,fue amatada?
Tantos duques excelentes,tantos marqueses y condes,y baronescomo vimos tan potentes,di, Muerte, ¿dó los escondesy traspones?Y las sus claras hazañasque hizieron en las guerrasy en las pazes,cuando tú, cruda, te ensañas,con tu fuerça las atierrasy deshazes.
Las huestes innumerables,los pendones y estandartesy banderas,los castillos impugnables,los muros y baluartesy barreras,la cava honda, chapada,o cualquier otro reparo¿qué aprovecha?Que si tú vienes airada,todo lo passas de clarocon tu flecha.
Aquel, de buenos abrigo,amado por virtuosode la gente,el maestre don RodrigoManrique, tan famosoy tan valiente;sus grandes hechos y clarosno cumple que los alabe,pues los vieron,ni los quiero hazer caros,pues el mundo todo sabecuales fueron.
¡Qué amigo de sus amigos!¡Qué señor para criadosy parientes!¡Qué enemigo de enemigos!¡Qué maestro de esforçadosy valientes!¡Qué seso para discretos!¡Qué gracia para donosos!¡Qué razón!¡Qué benigno a los sujetos,y a los bravos y dañosos,un león!
En ventura, Octavïano;Julio César, en vencery batallar;en la virtud, Africano;Aníbal, en el sabery trabajar;en la bondad, un Trajano;Tito, en liberalidadcon alegría;en su braço, Aurelïano;Marco Atilio, en la verdadque prometía.
Antonio Pío, en clemencia;Marco Aurelio, en igualdaddel semblante;Adrïano, en elocuencia;Teodosio, en humanidady buen talante;Aurelio Alexandre fueen disciplina y rigorde la guerra;un Costantino, en la fe;Camilo, en el gran amorde su tierra.
No dexó grandes tesoros,ni alcançó grandes riquezasni vaxillas,mas hizo guerra a los morosganando sus fortalezasy sus villas.Y en las lides que venció,muchos moros y caballosse perdieron,y en este oficio ganólas rentas y los vasallosque le dieron.
Pues por su honra y estado,en otros tiempos passados,¿cómo se hubo?:Quedando desamparado,con hermanos y criadosse sostuvo.Después que hechos famososhizo en esta dicha guerraque hazía,hizo tratos tan honrososque le dieron aun más tierraque tenía.
Estas sus viejas estoriasque con su braço pintóen la joventud,con otras nuevas victoriasagora las renovóen la senectud.Por su gran habilidad,por méritos y ancianíabien gastada,alcançó la dignidadde la gran caballeríade la Espada.
Y sus villas y sus tierras,ocupadas de tiranoslas halló,mas por cercos y por guerras,y por fuerça de sus manoslas cobró.Pues nuestro Rey natural,si de las obras que obrófue servido,dígalo el de Portugal,y en Castilla quien siguiósu partido.
Después de puesta la vidatantas vezes por su leyal tablero,después de tan bien servidala corona de su Reyverdadero,después de tanta hazañaa que no puede bastarcuenta cierta,en la su villa de Ocañavino la Muerte a llamara su puerta.
Diziendo: "Buen caballero,dexad el mundo engañosoy su halago,vuestro coraçón de azeromuestre su esfuerço famosoen este trago;y pues de vida y saludhezistes tan poca cuentapor la fama,esforçad vuestra virtudpara sofrir esta afruentaque os llama.
"No se os haga tan amargala batalla temerosaque esperáis,pues otra vida más largade fama tan glorïosaacá dexáis.Aunque esta vida de honortampoco no es eternalni verdadera,mas con todo es muy mejorque la otra temporal,perescedera.
"EI vivir que es perdurableno se gana con estadosmundanales,ni con vida deleitableen que moran los pecadosinfernales.Mas los buenos religiososgánanlo con oracionesy con lloros;los caballeros famosos,con trabajos y afliccionescontra moros.
"Y pues vos, claro varón,tanta sangre derramastesde paganos,esperad el galardónque en este mundo ganastespor las manos;y con esta confiança,y con la fe tan enteraque tenéis,partid con buena esperança,que esta otra vida terceraganaréis".
Responde el Maestre
"No gastemos tiempo yaen esta vida mezquinapor tal modo,que mi voluntad estáconforme con la divinapara todo;y consiento en mi morircon voluntad plazentera,clara y pura,que querer hombre vivir,cuando Dios quiere que muera,es locura."
Oración
"Tu, que por nuestra maldadtomaste forma servily baxo nombre;Tú, que a tu divinidadjuntaste cosa tan vilcomo el hombre;Tú, que tan grandes tormentossufriste sin resistenciaen tu persona;no por mis merescimientos,mas por tu sola clemencia,me perdona."
Cabo
Así, con tal entender,todos sentidos humanosconservados,cercado de su mujer,y de hijos, y hermanos,y criados,dio el alma a quien gela dio,ei cual la ponga en el cieloen su gloria.Y aunque la vida murió,nos dexó harto consuelosu memoria.
Y volvamos a las escrituras, ahora al Salmo 48:
Oíd esto, todas las naciones;escuchadlo, habitantes del orbe:plebeyos y nobles, ricos y pobres;mi boca hablará sabiamente,y serán muy sensatas mis reflexiones;prestaré oído al proverbioy propondré mi problema al son de la cítara.¿Por qué habré de temer los días aciagos,cuando me cerquen y acechen los malvados,que confían en su opulenciay se jactan de sus inmensas riquezas,si nadie puede salvarseni dar a Dios un rescate?Es tan caro el rescate de la vida,que nunca les bastará para vivir perpetuamentesin bajar a la fosa.Mirad: los sabios mueren,lo mismo que perecen los ignorantes y necios,y legan sus riquezas a extraños.El sepulcro es su morada perpetuay su casa de edad en edad,aunque hayan dado nombre a países.El hombre no perdurará en la opulencia,sino que perece como los animales.Este es el camino de los confiados,el destino de los hombres satisfechos:son un rebaño para el abismo,la muerte es su pastor,y bajan derechos a la tumba;se desvanece su figura,y el abismo es su casa.Pero a mí, Dios me salva,me saca de las garras del abismo y me lleva consigo.No te preocupes si se enriquece un hombre y aumenta el fasto de su casa:cuando muera, no se llevará nada,su fasto no bajará con él.Aunque en vida se felicitaba:"Ponderan lo que lo pasas",irá a reunirse con sus antepasados,que no verán nunca la luz.El hombre rico e inconscientees como un animal que perece.
Aquí las Sagradas Escrituras se refieren a “plebeyos y nobles, ricos y pobres” por igual. Y nos señalan nuestro destino final si alineamos nuestras obras de acuerdo a lo que Dios quiere de nosotros: “Pero a mí, Dios me salva, me saca de las garras del abismo y me lleva consigo.”
Sabemos por otra parte que desde el Génesis Dios señala al hombre funciones a desempeñar en la tierra: “Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra. Dijo Dios: Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para vosotros será de alimento.” (Gen I,27-29) “Tomó, pues, Yahveh Dios al hombre y le dejó en al jardín de Edén, para que lo labrase y cuidase.” (Gen,2,15).
Acercándonos a nuestros dias, el Concilio Vaticano II nos dice: "Una cosa hay cierta para los creyentes: la actividad humana individual y colectiva o el conjunto ingente de esfuerzos realizados por el hombre a lo largo de los siglos para lograr mejores condiciones de vida, considerando, en sí mismo, responde a la voluntad de Dios. Creado el hombre a imagen de Dios, recibió el mandato de gobernar el mundo en justicia y santidad, sometiendo así la tierra y cuanto en ella se contiene y de orientar a Dios la propia persona y el universo entero, reconociendo a Dios como Creador de todo, de modo que con el sometimiento de todas las cosas al hombre sea admirable el nombre de Dios en el mundo"( Conc. Ecum. Vat. II, Const. Past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, 34: A.A.S. 58 (1966), p.1052)
"Los cristianos, lejos de pensar que las conquistas logradas por el hombre se oponen al poder de Dios y que la criatura racional pretende rivalizar con el Creador, están, por el contrario, persuadidos de que las victorias del hombre son signo de la grandeza de Dios y consecuencia de su inefable designio. Cuanto más se acreciente el poder del hombre, más amplia es su responsabilidad individual y colectiva... El mensaje cristiano no aparta a los hombres de la edificación del mundo ni los lleva a despreocuparse del bien ajeno, sino que, al contrario, les impone como deber el hacerlo.” Conc. Ecum. Vat. II, Const. Past. sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et Spes, 34: A.A.S. 58 (1966), p.1052s.
“La conciencia de que a través del trabajo el hombre participa en la obra de la creación, constituye el móvil más profundo para emprenderlo en varios sectores: "Deben, pues, los fieles -leemos en la Constitución Lumen Gentium- conocer la naturaleza íntima de todas las criaturas, su valor y su ordenación a la gloria de Dios y, además, deben ayudarse entre sí, también mediante las actividades seculares, para lograr una vida más santa, de suerte que el mundo se impregne del espíritu de Cristo y alcance más eficazmente su fin en la justicia, la caridad y la paz... Procuren, pues, seriamente, que por su competencia en los asuntos profanos y por su actividad, elevada desde dentro por la gracia de Cristo, los bienes creados se desarrollen... según el plan del Creador y la iluminación de su Verbo, mediante el trabajo humano, la técnica y la cultura civil" Conc. Ecum. Vat. II, Const. Dogm. sobre la Iglesia Lumen Gentium, 36: A.A.S. 57 (1965), p. 41
Estaríamos ahora en condiciones de intentar penetrar en el sentido que tiene la riqueza en este mundo, y de nuestra relación con ella: ¿Cuál es el sentido de la riqueza? ¿Cómo deben entrar en nuestra vida los bienes materiales?.
Si nos preguntamos el porqué de las admoniciones de Santiago, el porqué de esas palabras aparentemente tan duras que se adicionan a aquellas que nos dicen que mas fácil es que pase un camello por el ojo de una aguja que la salvación de un rico, veremos nuestra manera de tratar nuestra relación con los bienes materiales, debe ser relacionando estrechamente el uso que haremos de todo lo material con nuestra salvación eterna, por la que Jesucristo se hizo carne y habitó entre nosotros.
Nos damos cuenta entonces, que nuestro interlocutor para iluminarnos en nuestra relación con la riqueza debe ser el mismo Señor Jesucristo, que nos está mirando desde el cielo y nos acompaña siempre. El quiere que analicemos nuestra relación con todo lo material, y con el dinero también, en intima conexión con nuestra salvación y con la salvación del mundo.
Nuestros bienes materiales tienen un propósito específico en el que tendremos que reflexionar, y que tiene que ver con nuestra vocación individual.
Pero sabemos ya que tenemos que usar de todo lo material de un modo en el que no sea ocasión de pecado. De un modo que no solamente no nos aleje a cada uno de nosotros de la vida que Dios quiere que llevemos, sino se constituya en un instrumento que Dios nos da para acercarnos mas y mas al camino de la salvación nuestra y de los demás.
Es por eso que nuestra meditación sobre el tema debe ir mucho mas allá del análisis intelectual o académico que nos ayude a “justificar” que podemos ganar dinero y riquezas de un modo ético compatible con lo que Dios “permite”. No buscamos solamente “límites”. Queremos llegar a conocer a la luz de la fe lo que Dios quiere de cada uno de nosotros en relación con la riqueza.
Y este conocimiento debemos hacerlo en cuatro planos de nuestra actividad: pensar, decir, hacer y omitir.
Necesitamos acercarnos a la verdad y conocer las pautas de conducta generales a las que adaptaremos nuestra conducta, nuestras obras y nuestro discurso a lo que Dios quiere de cada uno de nosotros respecto de los bienes materiales en orden a nuestra salvación.
Necesitamos conocer las acciones que debemos omitir de realizar en nuestras vidas relacionadas con los bienes materiales a nuestro alcance, para que no sean motivo para alejarnos de lo que Dios quiere de cada uno de nosotros y de Dios mismo.
Empecemos entonces por remover el obstáculo, la piedra que nos obstruye el camino que es ni más ni menos que el pecado. Santiago nos habla de la codicia, de la envidia y de gastar mal los bienes en satisfacer nuestras pasiones.
Santo Tomas nos dice que: “un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal”. (II-II:153:4)
La riqueza como fin nos puede llevar derecho a los “vicios” capitales:
El disponer de bienes nos puede hacer creer que somos los dueños del honor y la gloria humanas que nos proporcionan. Los inferiores adulan a los que tienen más que ellos, y los hacen convertirse a estos en inferiores también al creerse superiores. Si nos creemos superiores, fácilmente la soberbia se habrá hecho dueña de nuestras pasiones.
Si convertimos a la acumulación de bienes en nuestro fin, estos se convertirán para nosotros en ese ídolo desconocido que podemos llegar a adorar. Y la avaricia nos habrá ganado.
Si nuestros bienes se transforman en medios de satisfacer nuestras pasiones con facilidad, la gula y la lujuria dominaran nuestra conducta.
Si nos hacemos desordenadamente exigentes y pensamos que todo lo podemos con dinero, que nosotros somos superiores por tenerlo, cuando encontremos las dificultades, los obstáculos, y las personas se interpongan en nuestro camino, perderemos la objetividad, nos enojaremos sin razón, y la ira será nuestra ama.
Si la disponibilidad de bienes nos hace más indulgentes con el uso de nuestro tiempo, y nos generamos con facilidad la falsa necesidad de descanso y molicie, y la pereza nos habrá dominado.
Y estos siete pecados capitales se habrán constituido en formidables obstáculos que nos impedirán ser humildes, castos, pacientes, moderados en nuestros apetitos, generosos, caritativos y misericordiosos con los demás y activos y diligentes para cumplir con nuestros deberes. No nos dejaran practicar las virtudes necesarias en orden a nuestra salvación y la de quienes nos rodean, a quienes damos ejemplo.
Santiago conocía todo esto muy bien, y por eso nos describe con severidad las consecuencias del mal uso de las riquezas.
Leamos ahora otra vez el párrafo elegido con mucho detenimiento:
· “Y ustedes los ricos, lloren y laméntense, por las desgracias que les esperan.
· Su riqueza está corrompida y la polilla se ha comido sus vestidos; su oro y su plata están enmohecidos y este moho será una prueba contra ustedes y consumirá sus carnes como el fuego.
· ¿Para qué amontonar riquezas si estamos en los últimos días?
· El salario que ustedes han defraudado a los trabajadores que segaron sus campos está clamando, y los gritos de los cosechadoras han llegado hasta el oído del Señor todopoderoso.
· Han vivido en este mundo lujosamente y entregados al placer, engordando para el día de la matanza.
· Han condenado, han matado al inocente, y ya no les ofrece resistencia.”
Mateo (6:24) nos advierte el peligro: "Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas."
¿Equivalen estas admoniciones a la condenación total y definitiva de la riqueza?
Definitivamente sí, si las riquezas se constituyen en un obstáculo para nuestra salvación: “¡Necio!, esta noche te reclamarán la vida; y las cosas que preparaste, ¿para quién serán?” (Lc 12-20).
Y definitivamente no, si consideramos que participamos en la creación y administración de bienes a los que debemos dar un buen uso y si requerimos con nuestras oraciones la ayuda de Dios para no caer en los pecados a los que fácilmente nos puede llevar el mal uso de los bienes materiales. “Así, cuando las riquezas lleguen a faltarle, será recibido en las eternas moradas”. (Lc 16,9).
Cabe añadir, que no tiene importancia la cantidad de bienes de que dispongamos. Se dice que todo hombre es rico de lo que posee y pobre de lo que desea. Las palabras de Santiago se aplican también a quienes tienen poco. Y el Salmo 48 aclara que se dirige a “todas las naciones” a los “habitantes del orbe” sin distinción.
El mal uso de los bienes, aunque sean pocos, también es un obstáculo para nuestra salvación. "Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee". Lucas 12:15
Removido el obstáculo, y comprendida la advertencia en cuanto a los peligros que constantemente nos acechan al disponer de bienes materiales, nos queda ahora descubrir como adaptar nuestro discurso y nuestras obras a lo que Dios quiere de cada uno de nosotros en relación con el dinero y las riquezas, sin dejar de recordar las palabras de Juan Pablo II al comentar el Salmo 48: "el destino final del rico, por mucho dinero que esté dispuesto a ofrecer, será inexorable. Como todos los hombres y mujeres (...) se encaminará a la tumba (...) y tendrá que dejar en la tierra el oro que ha amado tanto, aquellos bienes materiales tan idolatrados".
Nos ayuda a reflexionar sobre nuestra vida de hombres de negocios el pensador católico Ramiro de Maeztu en un libro al que tituló "El sentido reverencial del dinero": "Mi ideal consistiría en multiplicar en los países de lengua española los capitanes de industria, los agricultores modelos, los grandes banqueros, los hombres de negocios. (...) Es mucho más difícil levantar un negocio creador de riqueza que distribuir nuestra fortuna entre los pobres e ingresar en un convento. Esto último no requiere sino abnegación, valor y caridad. Aquello exige el mismo valor, porque se arriesga la fortuna en el negocio; mayor abnegación, porque no se contenta con exigir nuestro sacrificio un momento, sino que pide el de toda una vida en el trabajo; y aunque la caridad parece que no necesita ser tan grande, en realidad es mucho mayor, porque los pobres a quienes se hace una caridad siguen siendo pobres después de recibirla, mientras que las gentes ocupadas en el negocio se ennoblecen en el trabajo, aparte de que encuentran en él su camino para mejorar su posición (...). En las raíces de la vida económica se encuentra siempre la moral." (Maeztu, El sentido reverencial del dinero, 1957).
Sabemos que muchos de los grandes santos primero dieron todo lo que tenían a los pobres y a partir de allí dedicaron toda su vida al servicio de Dios. Quienes están llamados a ocuparse de la producción de bienes materiales o de servicios, entienden a través del mensaje de las Sagradas Escrituras lo importante que es no dejarse dominar por la materia y no dejar de lado por un segundo la visión de trascendencia que nos transmite el Evangelio.
Así, están llamados a ocuparse de que lo material sirva a la obra de Dios en la tierra, y a constituirse en verdaderos lideres de la comunidad que den ejemplo de honestidad, de vida austera y simple, y que lleven a los demás hombres a Dios por la forma en que se vea que actúan.
Solamente así podríamos leer la Epístola de Santiago de un modo diferente: Y ustedes los ricos, rían y alégrense, por las gracias que les esperan. Su riqueza no está corrompida y la polilla no se ha comido sus vestidos; su oro y su plata no están enmohecidos y este moho no será una prueba contra ustedes y no consumirá sus carnes como el fuego. El salario que ustedes han dado a los trabajadores que segaron sus campos está clamando en vuestro favor, y los gritos agradecidos de los cosechadoras han llegado hasta el oído del Señor todopoderoso. Ni han condenado, ni matado al inocente que no les ofrecía resistencia. Porque no han vivido en este mundo lujosamente ni entregados al placer, ni engordando para el día de la matanza.
Hay una Epístola de San Pablo que parece dirigida a cada uno de nosotros con relación al uso de los bienes, y que resume y reafirma mucho de lo dicho. Quisiera terminar estas reflexiones con ella, que es como una oración, más que con mis imperfectas palabras porque me parece que transmite no solamente conceptos, sino un programa de vida: “Y ciertamente es un gran negocio la piedad, con tal de que se contente con lo que tiene. Porque nosotros no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él. Mientras tengamos comida y vestido, estemos contentos con eso. Los que quieren enriquecerse caen en la tentación, en el lazo y en muchas codicias insensatas y perniciosas que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque la raíz de todos los males es el afán de dinero, y algunos, por dejarse llevar de él, se extraviaron en la fe y se atormentaron con muchos dolores. Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de estas cosas; corre al alcance de la justicia, de la piedad, de la fe, de la caridad, de la paciencia en el sufrimiento, de la dulzura. Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado y de la que hiciste aquella solemne profesión delante de muchos testigos. Te recomiendo en la presencia de Dios que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que ante Poncio Pilato rindió tan solemne testimonio, que conserves el mandato sin tacha ni culpa hasta la Manifestación de nuestro Señor Jesucristo, Manifestación que a su debido tiempo hará ostensible el Bienaventurado y único Soberano, el Rey de los reyes y el Señor de los señores, el único que posee Inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien no ha visto ningún ser humano ni le puede ver. A él el honor y el poder por siempre. Amén. A los ricos de este mundo recomiéndales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en lo inseguro de las riquezas sino en Dios, que nos provee espléndidamente de todo para que lo disfrutemos;que practiquen el bien, que se enriquezcan de buenas obras, que den con generosidad y con liberalidad; de esta forma irán atesorando para el futuro un excelente fondo con el que podrán adquirir la vida verdadera.” (Epístola de San Pablo 1ª de Timoteo 6:10)
Algunas preguntas para reflexionar sobre nuestra relación con el dinero
¿Cómo dispongo del dinero y del poder del que dispongo?
¿Participo de algún modo en la ayuda a quienes están empobrecidos y no pueden salir de su pobreza?
¿Aprecio el valor de los bienes de que dispongo?
¿Me dejo dominar por el orgullo o la soberbia por razón de mi situación económica o de poder?
¿Tengo una vida simple, sencilla, austera?
¿Busco la sabiduría para saber el destino que Dios quiere de mi vida y de mis bienes?
¿Cuál es mi verdadero tesoro a juzgar por las horas y el esfuerzo que dedico en conseguirlo?
¿Es mi vida un caminar perseverante hacia Dios? ¿Qué significa la Salvación de acuerdo al tiempo que le dedico?
¿Tengo verdadera conciencia de los peligros de las riquezas y el dinero mal utilizado?
¿Sacrifico algún principio para obtener riquezas o ganancias? ¿Participo o tengo intereses en empresas cuyas actividades estén reñidas con la moral?
¿Comprendo y soy conciente de las necesidades y sufrimientos por los que pasan tantos hombres y mujeres, tal vez incluso cerca mío ya o tengo el corazón endurecido? ¿Hago algo que este a mi alcance para ayudar a los demás?
¿Soy sensible a la adulación por mi posición? ¿Me cuesta ser contrariado en razón de quien soy o por lo que tengo? ¿Me duele la crítica o que alguien no me de la importancia que creo que tengo?¿Me hace la independencia económica olvidar que dependo de Dios, que soy administrador de los bienes que El ha permitido que tuviera, y que tendré que rendir cuentas por su utilización al final de mi vida terrena?
¿Estoy propenso a la pereza en razón de tener mis necesidades satisfechas? ¿Valoro a la gente por lo que tiene o por sus virtudes? ¿Qué necesita la gente que depende de mí, directa e indirectamente? ¿Qué puedo hacer por ellos?
¿Me sirvo de los bienes con un corazón libre y desprendido o soy esclavo de lo que tengo y me cuesta dejarlo?
Propósitos
De toda reflexión hecha con profundidad y sinceridad surgen normalmente propósitos con relación a acciones a dejar de realizar, y nuevas acciones a realizar.
Es oportuno anotarlas, porque eso nos ayuda a fijar los conceptos, y nos reafirma en nuestras intenciones.
Tratemos de sacar de esta meditación por lo menos dos propósitos:
1) cosas que tengo que dejar de hacer con el dinero o los bienes, porque me alejan de lo que Dios quiere para mí
…………………………………………………………………
…………………………………………………………………
2) que nueva buena acción puedo y debo poner en practica con mis bienes
……………………………………………………………………
…………………………………………………………………….